Vecina, vecino: Ya no se puede decir que progresar es imposible

a no se puede decir que las cosas son como son y que nadie las puede cambiar.
Ya no se puede decir, como se dijo, que Uruguay era inviable.
En pocos años, el Frente Amplio demostró que la esperanza es posible, que cambiar es posible, que mejorar es viable.
Podrá haber cometido errores porque el que hace suele cometerlos pero hay una cosa que quedó demostrada: Uruguay es viable y tiene un hermoso futuro posible
Durante mucho tiempo nos inculcaron el pesimismo y la fatalidad. Sembraron la desesperanza. Lanzaron a la pobreza, a la marginación y al exilio económico a miles de compatriotas.
En menos de diez años el Frente Amplio junto con toda la ciudadanía demostró que esa prédica era falsa y ayudó a recuperar la confianza en nosotros mísmos.
Falta mucho por hacer. Este ha sido apenas el comienzo.
Uruguay fue siempre un país de igualdad, de libertades, de avanzada. Admirado en el mundo por eso. Hospitalario. Receptor de familias emigradas por culpa de guerras y pobrezas que asolaron incluso a países que hoy son poderosos.
Nuestra gloria se festejó siempre en los campos de la cultura, la equidad, el deporte, el bienestar sin lujos ni aspavientos de la inmensa mayoría y la vocación solidaria y pacificadora que nos hizo ocupar roles de inmenso respeto en el mundo.
Hoy el mundo vuelve a colocarnos en ese lugar que nunca debimos abandonar. Bastaron apenas menos de diez años de gobierno popular.
Al fin de cuentas apenas si hemos logrado volver a poner las cosas simplemente en su lugar. Pero ello dio mucho trabajo porque el pozo en el que nos habían hundido y los desastres que habían provocado fueron dolorosos y muy grandes. Sanar heridas requiere ternura y tiempo.
Pero no estamos conformes: y no lo estamos porque ahora sí, luego de salir del pozo, están dadas las condiciones para avanzar hacia metas y sueños que antes parecían lejanos.
Dentro de muchos años la Historia dirá que Tabaré en su primer gobierno y Mujica después, fueron como enfermeros de primeros auxilios o bomberos de grandes incendios. No había más remedio. Y lo hicieron porque contaron con el apoyo de su pueblo. De esta ciudadanía que Uruguay disfruta.
Todavía quedan reductos de pobreza y exclusión que son para todos nosotros un desafío inexcusable: en Uruguay es inadmisible que algún ser humano viva en tales condiciones.
Pero además ahora debemos avanzar en la batalla por la igualdad.
Todos sabemos que una de las cosas más crueles que se produjeron en Uruguay fue la desigualdad con su correspondiente exclusión social a niveles nunca vistos. Ahora estamos empeñados en la reconstrucción del tejido social tan agredido.
Para que Uruguay muestre al mundo el bienestar de una sociedad tan pujante como coherente, sin lujos ni soberbia, solidaria y pacificadora.
Hemos demostrado que ello es posible y que los mejores sueños pueden hacerse realidad.
Este pueblo es capaz de construir y ser el dueño de su destino.