Un renovado caballo de Troya: las aventuras de Lacalle Pou

Cuando se analizan las propuestas políticas del candidato nacionalista Lacalle Pou con cierto detenimiento, y ni siquiera con demasiado, se puede observar un fino trabajo de un publicista que más allá del resultado electoral merece la mayor atención.

En esta columna nos dedicaremos a analizar algunas de las ideas principales que orientan” la campaña de este candidato y a relacionarlas con el proceso político actual, al cual le deben gran parte de su sustento, y cómo ello constituye una renovación táctica de la vieja derecha nacional.

Una primera idea central de la campaña, que es explícita y explicitada en cada momento por parte de la máquina política del partido de la derecha es que es una campaña “por la positiva”, y para ello se exponen un conjunto de ideas, bastante mal copiadas del programa del Frente Amplio, como si fueran propias.

En ese sentido es curioso observar como la campaña se asienta sobre una buena cantidad de temas de la agenda política actual, de amplia legitimación social, que son todos productos del proceso político conducido por el Frente Amplio y que eran inexistentes en la agenda de los gobiernos anteriores de los partidos tradicionales. Es más, todos estos lugares comunes de cosas “positivas”, como la atención a la emergencia social, el cuidado de la gente, la apuesta a la educación, la mejor inserción internacional, la apuesta a la innovación y un largo etc., se mencionan en la campaña del candidato de la derecha omitiendo mencionar que son parte de un proyecto de país que se instauró a partir del primer gobierno del FA, y que nunca antes habían estado en la agenda política de la familia Lacalle Pou.

Ese reconocimiento implícito a los logros de los gobiernos frenteamplistas conduce a sugerir una especie de hipótesis de continuidad en muchas líneas políticas impulsadas con por el actual gobierno que nunca hubieran tenido un lugar en un programa de la derecha y hoy parecen ser parte consensuada de la agenda política.

Sin embargo, dichas ideas, se plantean con la pretensión de poder burlar con éxito literario el hecho de que el actual gobierno, la gestión Vazquez – Mujica, ha significado el cambio político progresista más radical que ha vivido este país desde los gobiernos batllistas de principio de siglo XX, y que ese cambio histórico se ha realizado con respecto a un modelo perimido y de consecuencias desastrosas para la enorme mayoría de la población que fue la gestión conjunta de los anteriores representantes de la derecha nacional: Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle.

Es entonces que se precisa agregar una segunda idea central a la campaña de la derecha, para poder sostener ese impostado el espíritu “positivo”, la misma consiste en que este nuevo relato que se sitúa curiosamente en el tiempo presente y futuro con la consigna: “es ahora”, no tiene nada que ver con el pasado.

Y es verdaderamente desopilante esta construcción literaria porque no se puede pretender hacer política más allá de la historia. Es a todas luces insostenible pretender que un sector de una colectividad política como es el Partido Nacional, con más de 150 años de historia continuada por los mismos apellidos y en sus diversas vertientes por agrupamientos ideológicos claramente definidos e identificables con ideas fuertemente estructurantes, haya construido un candidato que a pesar de llevar uno de los apellidos más representativos de su sector, y estando rodeado por los más conocidos integrantes del mismo pretenda no tener nada que ver con su pasado reciente.

Es por estas razones que la campaña política de la derecha no es ni una propuesta política ni tiene un programa político, es simplemente un relato literario que no tiene ideas originales para la acción política. Y no las tiene porque sencillamente no las precisa. Es simplemente un verso.

Sus verdaderas ideas son impresentables en esta coyuntura luego de la importante transformación social llevada adelante por el Frente Amplio. Ya es imposible ganar una elección asustando a la gente con el cuco de la izquierda o gritando desaforadamente “bajen el costo del Estado”, mucha gente recuerda aun a Luis Alberto Lacalle, padre y director técnico de Lacalle Pou, mostrando una motosierra para recortar el gasto público y en especial el gasto social y proponiendo poner baños en los asentamientos para sacarle los piojos a los habitantes de los mismos, … entre otras delicadezas.

El verdadero programa político de la derecha ya no se puede escribir y exponer públicamente, los llevaría a una derrota segura.

Esa es la razón por la que Lacalle Pou presenta ideas programáticas copiadas de los programas de gobierno del Frente Amplio, aunque en mala forma y sin contexto alguno, incluso algunas bastante desactualizadas o desinformadas, pero de eso nos ocuparemos en los próximos artículos.

La propuesta política escenificada por Lacalle Pou es un simple cuento para entretener a la gente confundiendo a los desmemoriados y a los incautos, intentando mostrar que las diferencias entre los distintos proyectos políticos que disputan la conducción de este país son algo estético, algo que no precisa ser confrontado, algo que no tiene raíces históricas, algo casual.