Tabaré

Eleuterio Fernández Huidobro, Ministro de Defensa

La memoria es infiel y lo que sigue va de memoria.

El sábado pasado, dos caravanas inmensas del Frente Amplio recorrieron Montevideo. A esta altura de la vida hemos andado en muchas: como para tener ojos que comparen. Que recuerdan y comparan a pesar de ellos.
Como siempre, porque siempre fue lo mismo, no vimos después, en ningún gran medio de prensa, por lo menos una fotito, chiquita, de tamaña manifestación pública.
A estar por ellos, en especial para quienes no viven en Montevideo, o en el país, el sábado en Montevideo no pasó nada.
Pero la realidad es que el sábado el Frente Amplio sacudió aquella nublada mañana como tantas otras veces.
Y eso que le pasamos por la puerta de su casa, en torbellino de pueblo, a los mismísimos dueños de esos Grandes Medios.
No importa: ganaremos igual.
Por más que pretendan ocultarnos, aventureros condenados por sus operaciones suicidas, no lo pueden ni lo podrán conseguir jamás: éramos y somos demasiados para su gusto.
Vaya nuestro saludo para el veterano que en el cantero de la calle Propios, esperó y saludó a la caravana de pie, firme como columna, con sus dos banderas ya viejas: la del Frente Amplio en la tacuara derecha y la de la Noventa en la tacuara izquierda. Serio como una estatua. Focal como un monumento.
Años y años de lucha reconcentrada descargaban rayos al paso de los vehículos abigarrados. De alta tensión popular sin palabras.
Las banderas viejas, tan viejas que uno no sabe desde qué lucha vienen, brotan como milagro, en las ventanas y los zaguanes, esperan en las esquinas anudadas al cuello, gritan…
Llovía torrencialmente en Paysandú la nochecita del Acto Final de la Campaña de 1989 en ese Departamento, cuando a la misma hora, allá en Montevideo, se hacía el Acto Final del Frente Amplio sobre Avenida del Libertador.
No tuvimos más remedio que hacer el acto sanducero bajo techo en un local totalmente desbordado. Pero la memoria quiere recordar el viaje de regreso, alta la madrugada, hacia un Montevideo acerca del cuál todo el país y el mundo rumoreaban que por primera vez en la Historia la Izquierda podía ganar.
Y con esa enorme esperanza, casi recién nacida, anidada en nuestros corazones, vinimos sacando cuentas como por trescientos kilómetros, a la hora de un jueves en que ya regía la veda previa a todas las elecciones.
¡1989!: poco antes, el 16 de abril perdíamos el plebiscito para derogar la Ley de Impunidad luego de una epopeya popular que arrancó en diciembre de 1986 y logró juntar más de seiscientas mil firmas contra viento y marea.
¡1989!: meses antes, nada menos que la fuerza más votada (la 99) se iba del Frente Amplio junto con el PDC.
Brutal desgajamiento y posterior pérdida de un plebiscito en pleno año electoral: ¿Quién podía apostar a favor del Frente Amplio para unas elecciones nacionales y municipales que habrían de realizarse pocos meses después?
Sin embargo, magia de los pueblos, el día de aquélla elección, más o menos al mediodía, tal vez un poco después pero no mucho, Líber Seregni nos convocó al local Central para avisarnos que, según los datos ya manejables, ganábamos la Intendencia de Montevideo…
Un hecho Histórico: la Puerta que nos abrió todas las demás puertas.
Vamos a decirlo: algunos de nosotros al volver de tamaña reunión musitábamos “este viejo está loco”.
Sin embargo, éramos los mismos que estábamos seguros de la Victoria, los que la habíamos masticado en largos kilometrajes de especulación esperanzada. Pero “no la queríamos secar”. Deseando festejar no queríamos hacerlo antes de tiempo para que la diosa de las Victorias quedara contenta y la de los Debacles siguiera durmiendo.
Y sí: finalmente aquel médico de la Teja, para colmo principal Dirigente de un Cuadro Chico (aunque en la hora de su gloria máxima), que “agarró viaje” porque nadie quería agarrarlo en un año que como ya explicamos, comenzó pésimo para un Frente Amplio por el que nadie daba dos cobres, produjo, o ayudó poderosamente a producir, en base a caminatas por todo Montevideo, el milagro de esa alta tensión que va del pueblo al pueblo cuando pasa en marcha.
Ya estaba madura la descarga magnética para un rayo de esa envergadura pero algo o alguien la tenía que precipitar.
La juventud de hoy, que no vivió aquello, debe saber estas cosas.
Que Tabaré, bien a la uruguaya, les ganó de atrás. De muy atrás. Cuando estábamos en el suelo y muchos no creían. Pertenece a nosotros. A los que cada lunes agarran los viajes que nadie quiere agarrar.
Porque ahora es muy lindo subirse al tablado. Pero debemos tener una muy buena memoria.
De cuando era feo y nadie quería…
La Derecha, cuando escriba su propia Historia dirá, palabras más o palabras menos: fue el militante frenteamplista que, por fin, y en el momento más inesperado, nos derrotó. Y no se detiene.