Levanten esa bandera

Por Eleuterio Fernández Huidobro, Ministro de Defensa Nacional


 

Hace una semana, cuando salía la calle la anterior “Bicicleta”, se produjo en Uruguay uno de sus mejores y más grandes hechos históricos.
Tal vez no podamos ser conscientes todavía, de lo que este pueblo y este país hizo.
Hace ya unos cuántos meses, ACNUR lanzó al mundo un desesperado grito pidiendo AUXILIO a todos los países para que aliviando la insoportable carga de inmensos campamentos crecientes, se hicieran cargo de por lo menos una parte de tantísima población damnificada por la guerra en Siria llevándosela y acogiéndola.
ACNUR es el Organismo de la ONU encargado de los refugiados. En horas muy feas miles de uruguayos y uruguayas disfrutaron su protección y ayuda que llegó muchas veces a salvar vidas.
Ahora pidió, por favor, que le dieran una mano.
Eso para nada es común: antes, ella se bastaba para ayudar a resolver las demandas de perseguidos, amenazados y desplazados por horrendas tiranías o guerras imparables.
Pero el salvajismo contemporáneo, expresado en crueles guerras interminables que golpean sobre el doce por ciento de la Humanidad, desbordó largamente la capacidad y las previsiones de ACNUR.
Dicha Organización humanitaria de las Naciones Unidas afronta actualmente cuatros gigantescos Desastres Humanitarios: la guerra de Siria y sus feroces consecuencias (que siguen creciendo), la situación en Sudán del Sur, lo mismo en la República Centroafricana y ahora, por si fuera poco, la “crisis” del ébola en el occidente de África.
Señalemos, de paso, que ACNUR no incluye en su grito de auxilio la interminable guerra en la República Democrática del Congo (la más costosa en vidas desde la Segunda Guerra Mundial ni a otras situaciones escandalosas como las actuales en Libia, Ucrania (con centenares de miles de desplazados), ni la del Sahara Occidental, y un lamentable “etcétera”.
Esto, por sí solo, da una idea de cómo serán los Grandes Desastres Humanitarios que desbordan a ACNUR.
Pues bien: hasta la fecha Uruguay integra la escasa lista de países que han dado respuesta concreta. Pero estamos seguros, tenemos esa fe, que por eso y a partir de ahora, otras puertas se abrirán para tan solidario acogimiento.
El Uruguay, y nuestros dos grandes vecinos, por solamente poner tres ejemplos, somos países de inmigrantes.
Somos PRODUCTO de los inmigrantes.
Nuestro crecimiento poblacional se explica por sucesivas y masivas oleadas de inmigrantes provenientes de todos los confines del planeta perseguidos por la extrema pobreza que no hace tanto flageló a Europa, por guerras y masacres de todo tipo, por persecuciones raciales, religiosas o étnicas. Por irracionalidades y salvajismos de todo tipo.
Somos descendientes, de aquéllos pioneros que algún día llegaron a nuestros puerto, con una mano atrás y otra adelante, con hijos para parir o recién nacidos en busca simplemente de pan. Pero de pan conseguido tan lícitamente como en base al sudor de la frente.
Desde que nació esta idea el Gobierno ha recibido un alud de ofertas solidarias. El Uruguay silencioso que sin embargo habla cuando tiene que hablar. Ofertas desbordantes. Puertas acogedoras abiertas de par en par para este propósito. De todas las convicciones, religiones, y segmentos sociales.
Pensemos muy especialmente en la cantidad de uruguayas y uruguayos que debido a horas muy desgraciadas se tuvieron que ir y aún están, ya con hijos y nietos que hablan otros idiomas, en lejanos países de todos los puntos cardinales. Familias orgullosas de lo que ha hecho ante el mundo su terruño.
HAY QUE LEVANTAR ESTA BANDERA.
La cada vez más prestigiada, gracias también a esta nueva noticia que está recorriendo el mundo demostrando que SE PUEDE.