Leer la realidad en su máxima complejidad como simplificación de la acción – Parte 1

Escribe Diego Barboza
Director Departamental del INAU en Maldonado

Una nueva alianza  (parte 1)

Entender nuestra vida actual, lo que nos ocurre, lo que puede ocurrirnos y lo que deseamos ocurra, requiere necesariamente de producir una lectura de la vida, de una realidad que se aproxime necesariamente a lo real. Aquello que ocurre más allá de la mirada y que resulta obviamente incapturable en pureza pues siempre estará mediado por nosotros mismos.

Nos vemos convocados a superar la mirada que produce el pensamiento lineal basado en una relación directa entre causa y efecto, lo cual nos lleva a la premisa de que un actuar sobre la primera habrá de modificar necesariamente aquello que produce; su efecto.

Lo cierto es, que al parecer, lo real ha de ser mucho más complejo, sobre todo en aquello que refiere al mundo de lo social, en el cual debemos asumir que los acontecimientos responden a una relación de muchas causas (multicausalidad) y que no necesariamente el control de las mismas modifica lo que denominamos efectos. De Hecho, cuando movemos parte del escenario multicausal, vemos, que si bien pueden existir movimientos en aquello que aparentemente le sigue, al mismo tiempo se producen otros efectos, muchas veces no previstos y muchos otros no deseados.

Academia y realidad

Cualquier acción sobre una cosa, requiere, sin duda alguna, de una lectura lo más certera posible sobre lo que se interviene. La vida funciona así, desde las acciones más cotidianas hasta las más complejas y “ajenas”.

Somos defensores incondicionales de la investigación en el área que sea y dentro de ciertos marcos éticos. Creemos que las cosas más complejas –como ser la vida actual- requieren de instrumentos de análisis y de metodologías de capturas comunicables, cuestionables y comprensibles. Ahí está el aporte de lo científico, de la episteme.

Ahora bien, al mismo tiempo que legitimamos la investigación, sostenemos que la otra cara -la acción- es la concretud. Es la viabilidad que busca transformar esa realidad.

Existe hoy, una disociación casi total entre pensamiento complejo y acción. La investigación académica se produce y reproduce sobre sí misma transitando por un carril que hace ya mucho tiempo ni se roza con la acción. Y la acción, el conjunto de las cosas que se van haciendo, van quedando cada vez más distantes de aquello que emerge -como nueva lectura posible de lo que va ocurriendo-.

Es poca la comunicación entre academia y acción por el simple motivo de que la casi totalidad de aquellos que hoy producen, se encuentran totalmente alejados del objeto o el sujeto de investigación. Llegan con sus instrumentos, capturan ciertos componentes de lo real, lo describen y allí acabo.

A su vez, la mayoría de quienes  trabajan en territorios desde las más diversas profesiones, transitan, leen sin metodología explícita, sin instrumentos comunicables y actúan, actúan y entremezclan lo que se percibe, lo que se vive, lo que cada uno vivió y se entremezcla el otro, el yo, lo posible y lo imposible. El que trabaja acaba muchas veces fragmentándose con el otro y retornando agotado y frustrado por aquello que no ocurrió.

Asumir un sitio y mil alianzas

Es hora de asumir que investigación sin acción es trabajo para sí, es regocijarse y vivir de un híbrido que no genera más que eso, un círculo de producción sobre producción.

Es hora de asumir también que actuar sin marcos conceptuales sólidos, sin intencionalidad planificada y sin dispositivos estructurantes, es debilitar la acción y su posibilidad de transformación. Es al igual que en la investigación, trabajar para sí y actuar sobre la actuación.

Es entonces momento de que la brecha entre investigación y acción se vea disminuida, es momento de que diseñemos modelos de pensamiento y acción en el cual nadie quede fuera. Quién más investiga tendrá necesariamente menor tiempo de acción, pero deberá actuar. Quién más actúa tendrá menor tiempo de investigación, pero deberá producir. Resulta entonces necesario una profunda alianza entre lo que podemos definir academia e instituciones con identidades más pragmáticas. Algo que definimos necesariamente como un cambio cultural de las organizaciones y sus instituidos. Algo que requiere mayores recursos pero también mayor compromiso de los involucrados pues resulta imposible pagar todo el tiempo que debemos dar. Es cuestión de humildad y altruismo, de plus, de brindar tiempo, de dar.

La cima de los tres poderes se deberá transformar

Poder Legislativo, Poder Judicial, Ejecutivo, sus cúpulas deberán formar parte necesaria de este cambio cultural. Quienes desde la Macro Política dirigen lo jurídico, legislan y ejecutan, deben asumir este compromiso de formación y transformación. De lo contrario, continuaremos en falsos atravesamientos muchas veces por inactividad pragmática e intelectual, lo cual termina afectando el propio Estado de Derecho que con esa estructura de separación se intentó históricamente garantizar.

 

Muchas gracias