La Fuga de Gilberto Vázquez

A la opinión publica:

El día 4 de julio de 2006, el preso Gilberto Vázquez se fugó del Hospital Militar.
Estaba procesado y bajo custodia del Ejército. Al hacerlo, violó la palabra de Honor del Comandante en Jefe Gral. Carlos Díaz ante el Poder Ejecutivo.
Por ende dicho Comandante presentó su renuncia ante la Sra. Ministra de Defensa Dra. Azucena Berruti y al mismo tiempo convocó un Tribunal de Honor para juzgar la flagrante conducta del citado Coronel (retirado).
Dicho Tribunal, integrado por los Sres. Generales Héctor Islas, Juan Couture y Luis Pérez, dictaminó la peor sanción que puede aplicar cualquier Tribunal de Honor: el pase a “Reforma” del citado Coronel.
Esto es: la pérdida de su “estado militar” con las prohibiciones y pérdida de derechos sociales que incluyen pasar a percibir sólo un tercio de su haber jubilatorio.
Los otros dos tercios se le pagan a la esposa u otros familiares con derechos a esa pensión.
Queda meridianamente claro que no fue sometido a Tribunal de Honor por violación a los Derechos Humanos sino por una fuga cantinflesca.
La Causa por Violación de los Derechos Humanos siguió su curso en la Sede Penal correspondiente y el procesado, ahora penado, cumpliendo la correspondiente reclusión.
Años después el ahora simple recluso Gilberto Vázquez, amparándose en la Ley solicitó la unificación de su haber de Retiro, derecho que les cabe a todos cuantos pasen por la misma circunstancia, para lo que debe citarse un nuevo Tribunal de Honor que dictamine si en los últimos cinco años luego de la sanción recibida mantuvo buena conducta.
Este Tribunal de Honor ineludiblemente citado de acuerdo a la Ley estuvo integrado por los Sres. Generales Luis Pérez, Juan Villagrán y Nelson Pintos quienes, no pudiendo ni debiendo mentir, corroboraron la buena conducta del presidiario.
El Poder Ejecutivo, previo asesoramiento jurídico, homologó dicho fallo. No se entiende qué es lo que reclaman ciertos periodistas e internautas:
¿El incumplimiento de la Ley?
¿La incautación de los haberes jubilatorios de los presos?
¿Que les peguemos? ¿Que los torturemos?
¿Que persigamos a sus familias?
¿Hasta qué generación?
¿Hasta qué lazo de consanguinidad?

Por más que griten, no somos ni seremos verdugos ni fascistas.

Eleuterio Fernández Huidobro