La Bella y la Bestia

Leandro Grille / Artículo publicado en Caras y Caretas

Graciela Bianchi: la senadora de Lacalle Pou

La ex directora del Liceo Bauzá Graciela Bianchi, devenida tercera candidata al Senado por la fórmula de Lacalle Pou, demuestra las complejidades que tiene la aplicación de la ley de cuotas en un sistema político extremadamente masculinizado.

Recién llegada al Partido Nacional desde un frenteamplismo presunto, tuvo sus minutos de gloria cuando la prensa nacional decidió presentarla como una suerte de superheroína del sistema educativo, tras sus durísimas acusaciones contra el gobierno de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), donde había caído en desgracia, y su decisión de establecer una “zona liberada” de las autoridades educativas en su liceo. Eso le bastó para llegar al Senado.
Por estos días, Bianchi, con la anuencia del candidato a la presidencia Luis Lacalle Pou, se despacha cada pocos días con alguna de sus afirmaciones sin filtro, cortando grueso, al estilo de la diputada argentina Elisa Lilita Carrió –aunque sin el componente místico–, como cuando dijo que el Plan Ceibal genera “idiotas informáticos” o que el presidente de la República es un “anormal”.
Mientras los números le den, a Lacalle Pou no le molesta tener un ariete lenguaraz, porque por ahora todo suma, pero tal vez, más adelante, alguno de los disparates que promete Bianchi le juegue en contra. Es difícil de saber. Hasta ahora, ella ha pasado impune y ascendiendo por un conjunto de situaciones por las que quizá habría merecido alguna reprimenda de las autoridades de la educación o del sistema político.
Como yo fui al Liceo Bauzá y la padecí como directora, tengo un conjunto grande de anécdotas para contar, muchas de las cuales he compartido a lo largo de mi vida como estudiante, e incluso he denunciado junto con toda mi generación, aunque nuestras quejas no tuvieron la más mínima consecuencia. Por lo tanto, no veo razón alguna por la que deberían tener consecuencia tanto tiempo después. Sin embargo, lo que sí me complace es que la vida haya demostrado que esa mujer no es ni nunca ha sido de izquierda. Esa autoadjudicación que pocos cuestionaban en el Frente Amplio era algo que a mí me molestaba particularmente, porque dejaba en evidencia hasta qué punto la palabra de los jóvenes no tenía la más mínima significación en el seno de la izquierda. Obviamente, esa situación no cambió: lo que dijeran los estudiantes continuó siendo mayormente irrelevante –recordemos lo que sucedió cuando se difundió la grabación con un celular de la Bianchi maltratando a estudiantes del Bauzá–, pero ella se sacó todas las caretas y terminó de candidata a senadora de Lacalle Pou, incluso a su derecha.
La candidata de Lacalle Pou fue la directora más represiva de los años signados por el conflicto por la reforma educativa. No conocía ningún límite para el ejercicio de su accionar, y contaba para ello con pleno respaldo de las autoridades de la ANEP. Cuando los estudiantes del Bauzá resolvimos ocupar el liceo en protesta contra la reforma en curso, se presentó de noche, junto a la policía. Ofreció una mediación falsa, aprovechándose de la buena voluntad de los estudiantes, que creyeron en su palabra y le ofrecieron ingresar al liceo, y utilizó esa oportunidad para que un montón de policías entraran al recinto y desalojaran el liceo, identificando a todo el mundo y sin orden judicial. Aquello derivó en una sanción gigantesca, que promovió ella, y para la cual el Consejo Directivo Central (Codicen) cambió el reglamento de conducta de los liceos y creó una nueva falta no prevista. De esta manera, se sancionó a todos los ocupantes aplicando el nuevo reglamento de forma retroactiva, con lo que se violaron todas las garantías del debido proceso. Posteriormente, esa sanción fue revocada por la Justicia, teniendo en cuenta que violaba multitud de preceptos constitucionales.
No fue lo único que hizo Bianchi. Menciono unos pocos ejemplos de los que puedo dar testimonio: yo la vi sacada, agrediendo estudiantes, incluso físicamente, todo lo cual fue denunciado públicamente. Y cuando se agarraba una fijación no paraba. A mí, por ejemplo, me acusó de cocainómano en una reunión docente, cuando, en primer lugar, no tenía derecho a decir algo así ni siquiera en el caso de que fuera cierto, pero además era una imbecilidad completamente falsa a la que añadió que la ANEP se hacía cargo de mi rehabilitación. Esto último nos cayó realmente muy mal a mis padres y a mí: jamás el Codicen se hizo cargo de ningún tratamiento mío ni de ninguno de mis hermanos. Así que, si no le bastaba con atribuirme un problema mintiendo, se atribuía también el mérito de su solución. En suma, una caradura.
Cada vez que relato esto me parece algo tan lejano y hasta absurdo, que me da vergüenza. Además, salvo en aquella época, nunca le he dado mayor importancia. Pero ahora que la veo como candidata al Senado y diciendo sandeces, no puedo dejar de advertir lo terrible que sería que esa mujer terminara como directora general de la ANEP, en el caso de un triunfo de Lacalle Pou. Sería terrible para los jóvenes, porque si ella era una mujer tan jodida cuando estaba bien, ahora que está enferma de odio, es imposible saber el daño que podría causar.