El León y su rugido

Por Eleuterio Fernández Huidobro, Ministro de Defensa Nacional

“Vuestro fue el corazón de león, yo sólo dí al león su rugido”

(Churchill refiriéndose a la resistencia ante la derrota y a la determinación ante la victoria).

Toda la Obra que se pudo hacer en esta década de Gobierno frenteamplista, fué Obra de la población uruguaya. De los trabajadores más humildes hasta los empresarios más exitosos.
El Frente Amplio, sus Gobiernos, Tabaré y Mujica, sólo le dieron a ese gran corazón del país, su voz.
Ganar una elección es algo importante: pero que se haga buena Obra no sólo es más difícil, sino que requiere el esfuerzo de millones de personas que son, efectivamente, quienes la hacen. Cada ciudadano sabe muy bien lo que se hizo. No necesita leerlo ni que se lo expliquen. Pero sabe también todo lo que falta por hacer.
Al demostrar que era posible avanzar, el Frente Amplio, despertando de tal modo la esperanza y, demostrándola palmariamente, agigantó la libertad, la mismísima esperanza, y el derecho de cada cual a soñar legítimamente.
Porque a no olvidarlo: allá por el 2004 lo que estaba totalmente perdido en Uruguay era la esperanza. Aún la más mínima.
Y hubo quienes predicaron que dicha pérdida era irremediable porque el Uruguay era, en sí mismo, un sueño inviable. ¿Se acuerdan?
Hoy hay muchos que no pueden acordarse porque aquellos pajarones de mal agüero hace tiempo que dejaron de vomitar tamaño insulto. Se llamaron a un profundo silencio abandonando por la puerta de atrás las altas tribunas desde las que decían dar cátedra.
Esa mala idea, la de que Uruguay era inviable, concluyó en la otra, pésima, de que por lo tanto sólo nos quedaba ser una plaza financiera, un casino, y un prostíbulo de lujo.
Como resto monumental simbólico de aquel extravío, ahí está la Estación Central del ferrocarril escandalosamente abandonada. Mataron el ferrocarril todo, se lo castraron al Puerto aledaño, para transformar la Estación en un grandioso teatro (de ballet decían) y la playa de maniobras en un grandioso hotel de cinco estrellas con casino babilónico. Como remache, plantaron en medio de las vías una enorme y lujosa oficina pública, la Torre de Antel (desubicada como chancho en la vía) para lo que trajeron a los mejores arquitectos del planeta y hasta los vidrios y las canillas desde lejanos confines sin mirar en los gastos… A mano abierta.
No es el único resto, por todo el país quedan aún a la vista las ruinas arqueológicas de aquel naufragio. El del Uruguay productivo.
A Montevideo llegaban movilizaciones del Agro nunca vistas, dirigidas esencialmente contra la Ciudad Vieja, madriguera de los bancos que tenían por el cuello a los productores ya medio asfixiados y a sus tierras malbaratadas. El mismo sector financiero que poco después terminara colapsando al país, estafándolo y robando a los ahorristas. Hasta hoy pagamos todos mes a mes, la brutal cuenta que nos dejaron debiendo.
Algún día, la Historia resumiendo, dirá eso: la principal virtud del Frente Amplio a comienzos del siglo XXI fue ayudar poderosamente a recuperar la esperanza y a que Uruguay no sólo dejara de ser, según algunos caranchos, un “proyecto inviable”, sino que pasara a ser en pocos años un país destacado, reconocido y, aunque a los negativos de siempre les parezca insólito, un país modelo, y de vanguardia.
Ya no somos conocidos en el mundo por nuestros dolientes emigrados políticos y económicos. Ni por nuestros Dictadores y/o grandes estafadores bancarios de fama internacional.
Esa Esperanza recuperada con todo derecho y gran esfuerzo, hoy se agiganta también con todo derecho y renovado esfuerzo.
Uruguay quiere ir a más: le tomó el gusto al desafío y al futuro. A la confianza en nuestras propias fuerzas.
Por eso creo que del inmediato pasado sólo debemos tomar el ejemplo para proponer el inmediato futuro. Lo esencial es atender el futuro porque hacia él apuntan con todo y tantísimo derecho los anhelos de cada uruguayo. Y mucho más luego de haber demostrado que hacer realidad dichos anhelos es posible.
Nosotros no somos una fuerza política “por la positiva” sino por la sumativa, la multiplicativa y la repartitiva (perdón por las cacofonías idiomáticas).
“La positiva” nos propone una sopita boba: todos somos buenitos, todos somos lo mismo, todo va mejor con Coca Cola. Un total vacío con el temible y concreto Herrerismo emboscado detrás, como aquellos Bancos en la Ciudad Vieja. Esa “positiva” no suma, ni multiplica, ni reparte, pero resta y quita. Propone como panacea un talante. Ciertas normas de cortesía, algún optimismo falluto…
Cuando era niño, un actual veterano maestro de Florida, recibía de su madre, junto a sus hermanos, el siguente consejo:
-Cuando venga una visita a casa, o cuando vamos de visita a otra casa, las tazas o cualquer otra cosa hay que agarrarlas con dos deditos y arqueando, siempre, el meñique.
Mi amigo me dijo que él y sus hermanitos entendieron que, arqueando el meñique se podía perpetrar impunemente cualquier chanchada.
Lacalle Pou nos propone, en total, su meñique arqueado… Y, de postre, su bandera en los caños para lucir ante el mundo. Al decir del politólogo Darwin Desbocatti, la imagen de su spot sería ideal en bolsas de comida para perros.
Le ofrece al país una política de meñique “arqueao”. Tipo tomar el te con escones a las five o clock – Y, cuando nos la propone mediante su Agencia de Publicidad, pone los ojos en blanco como si esa neblina fuera sublime.
No nos dice nada pero a esa nada la sobreactúa repetitivamente como para ganar por cansancio. Tanto da decirnos que en su gobierno actuará por la positiva como decirnos que lo hará en hora oficial uruguaya.
Y nos queda mirando con cara de -¿Viste que soy un genio?. Como los charlatanes de feria. Lo impregna un desprecio inevitable por la gente.
Hay que seguir llenando el país con energías alternativas, hay que seguir repartiendo ceibalitas, devolviendo la vista a la gente que lo necesita, apoyando la investigación, desarrollando la educación y la salud hasta llegar a los mejores niveles del mundo, construyendo viviendas para todos, generando trabajo para todos, ayudando a la gente que por la edad u otros problemas puede valerse por sí misma si tiene ese apoyo, debemos seguir erradicando la pobreza en lucha sin cuartel, hay que poner la energía al alcance del vecino pero también de las empresa s y lo más barata que podamos, hay que dotar al Uruguay de más y mejores puertos, canales, vias férreas, carreteras y caminos, hay que seguir cambiando la matriz del transporte para economizar energía, hay que ir decididamente sobre la eficencia energética y el cuidado del medioambiente, hay que ponerle un segundo piso al suelo de Uruguay mediante el riego a gran escala…
Podríamos seguir pero conviene mejor recordar que esto dicho antes del 2004 sería tachado de utopía o sueño delirante.
Hoy lo podemos decir como la cosa más natural del mundo porque lo hemos demostrado. Uruguay debe ir por más.