Desde dónde venimos

Por Eleuterio Fernández Huidobro


 

-Soy batllista -nos dijo el otro día aquel hombre ya veterano pero recién llegado a nuestras filas. Rejuvenecido.
Estábamos en una ciudad del Interior, de esas que por suerte mantienen un tamaño humano, dónde todo y todos se conocen. En tiempos electorales es fácil saber allí dónde está cada quién. Y tiene sus enormes consecuencias.
Su presencia en aquél acto, que en Montevideo podría pasar desapercibida, constituía por sí sola un hecho político.
Un día antes, en un encuentro casual, recibí el abrazo de una muy importante figura de un Partido Tradicional que también pasó a engrosar esta Caravana de Pueblo que es el Frente Amplio.
Batllistas y blancos “reseteados” (como se dice ahora): pueden volver a usar sin temor sus ideas que sabemos están entre las mejores. Pueden sacar sin temor las credenciales ideológicas que los acreditan sin más trámite: las de un sueño pujante al que alguna noche aciaga, entre cuatro paredes, prohibieron. Y hasta aniquilaron.
Esta Historia es vieja como toda historia. Por eso se han ido viniendo los que han ido llegando y seguirán viniendo los que seguirán llegando.
Pero para los por suerte nuevos jóvenes frenteamplistas esta Historia es renovada o llanamente nueva y tal vez por no repetirla para recordarla, puede olvidarse. Por aquella manía que tenemos de creer que lo que nosotros vivimos lo vivieron y saben todos.
Por eso conviene de vez en cuando repetir de dónde venimos:
Venimos de la Vieja Izquierda Europea (y norteamericana) que comenzó a llegar con sus por entonces primeras ideas casi en medio de nuestra Guerra Grande (1839-1852).
Con el advenimiento amanecido del Capitalismo Industrial nacieron también las ideas del socialismo contemporáneo en todas sus vertientes y, por los inmigrantes, llegaron a nuestras costas las anarquistas y comuneros. Incluso porque los trajeron desterrados. Acamparon pronto, muchos, en el Partido Colorado. Otros no.
Mejor sería decir: llegaron las ideas de la Primera Internacional que abarcaba también a otras vertientes del pensamiento socialista europeo (y norteamericano: no nos cansaremos de decirlo para que por lo menos algunos no pongan cara de “yo no fui” mientras nosotros conmemoramos a los Mártires de Chicago y a Sacco y Vanzetti, entre otros a quienes consideramos nuestros: por ejemplo a los heroicos integrantes de la Brigada Abraham Lincoln de las Brigadas Internacionales, a Ernest Hemingway, y a un largo etcétera de organizaciones y personas de aquellos lares).
Luego, a fines del siglo XIX, llegaron las provenientes de lo que sería la Segunda Internacional: Emilio Frugoni fue su figura más importante y el PS actual su heredero. Pero, como quinta de almácigos y como semillero, dio lugar a muchas otras Organizaciones que hoy habitan el Frente Amplio.
Una escisión de dicho Partido, originada por la Revolución de Octubre en Rusia (saludada por Don José Batlle y Ordóñez a no olvidarlo) dió origen por aquél temprano tiempo al Partido Comunista a cuyos herederos conocemos hoy dentro del Frente Amplio pero que también dió a su vez origen a otras formaciones frenteamplistas.
Casi de inmediato llegaron a nuestras playas las ideas de Trotsky cuyos herederos se expresan en muchas ramificaciones algunas de las cuales están en en el Frente Amplio.
También llegó el pensamiento social de la Iglesia Católica, y demás cristianos, que no sin lucha interna dió origen a los Partidos Democratacristianos y a la Teología de la Liberación que no puede ignorarse para entender al Frente Amplio. El uruguayo también fue fundador del Frente Amplio.
Hasta aquí los Partidos y Corrientes de pensamiento que viniendo de Europa y norteamérica (que antes nos había exportado sus ideas revolucionarias que Artigas defendió en esta Región como nadie) enraizaron profundamente en Uruguay desde hace ya más de cien años.
Pero el Frente Amplio sería inexplicable si no mencionáramos las dos grandes vertientes provenientes del Uruguay: blanca y colorada, colorada y blanca.
Más viejas pero no mucho, nacieron durante las luchas por nuestra Independencia y alcanzaron su adolescencia y juventud en las interminables luchas intestinas posteriores (armadas hasta fines del siglo XIX y amanecer del XX).
Son todas esas correntadas históricas las que van creando cauces confluyentes hasta unirse en poderoso caudal allá por 1970.
El Frente Amplio fue síntesis y crisol. Taller y fuente. Receptor e impulsor.
Cada uno de esos grandes componentes vino con su mochila cargada. O mejor: con su largo convoy de carretas cargando sueños, enseres, virtudes y pecados.
Como toda obra humana: pero por sobretodo amor y descendientes adivinados con sólo pensar un poco.
Porque de aquel fermental entrevero acampado, surgieron en primer lugar los independientes. Y fueron multitud los que se agregarían al imponente llamado sin venir más que de su casa o de su barrio. Sintiendo que aquello era necesario.
Algunos, y con mucha razón, alegan que esos fueron los convocantes. El material fundente. La población anónima que les exigió a los demás juntarse porque la situación no daba para más y la hora había llegado.
Como cronista de caravanas frenteamplistas recientes, me cuesta explicar al paso, en especial a la gente más joven (que lamentablemente para mí es la mayoría) por qué “las viejas y los viejos”, “las viejitas y los viejitos” levantan al pasar sus brazos con tanto entusiasmo que mejor sería denominarlo éxtasis.
– Resten medio siglo, cierren los ojos, y las verán y los verán jóvenes. Guapas y bizarros. Ahora viendo pasar su obra increíble. Su inmenso sueño hecho inmensa realidad.
La llegada de blancos y colorados fue un viento (o un rayo) que no cesó. Como tampoco hoy el advenimiento de nuevas ideas y originales pensamientos. Es la vida.
Y falta todavía mucho: depende de nosotros, si hacemos las cosas bien y muy bien, que esa migración de pueblo desde otras filas hacia esta correntada multicolor siga creciendo.
Debemos seguir siendo, como dijo Seregni, una cita puntual con la Historia. Pero para todos: los que ya estamos y los que nos falta traer o que vendrán como vinimos todos: de otro lado.
Esta obra no está terminada. Por el contrario está a medio hacer: tal es y debe ser el tamaño de nuestras aspiraciones, sueños y por repetir a un amigo: capacidad de gloria.
Perderse en las plagas del chiquitismo y del sectarismo no conduce mas que al jardín interior, herboristeria fina pero de garaje. Oscuro cultivo de hongos y endivias aeropónicas para comer en casa.
Los que llegan desde los Partidos Tradicionales, deben ser recibidos con una fiesta.
Y los que arriban desde el pueblo sin Partido, con alfombra roja. Y palio.
Por otra parte: ¿Es que acaso tuvimos o tenemos hoy alguna otra tarea que sea más importante?